martes, 14 de julio de 2026

Infraestructura científica: el recurso invisible que puede transformar la innovación y la competitividad de las PYME

 

La infraestructura científica constituye un componente estratégico para fortalecer la innovación, la productividad y la competitividad de las PYME mediante la articulación entre universidades, empresas y Estado. Su aprovechamiento favorece la investigación aplicada, la transferencia tecnológica, la transformación digital y la gestión del conocimiento, impulsando ecosistemas colaborativos capaces de generar crecimiento económico sostenible y desarrollo basado en conocimiento.

Introducción

La infraestructura científica se ha consolidado como uno de los pilares fundamentales para el fortalecimiento de los sistemas de ciencia, tecnología e innovación (CTI), al proporcionar las capacidades físicas, tecnológicas, humanas e institucionales necesarias para generar conocimiento, desarrollar investigación aplicada y transformar los resultados científicos en soluciones con impacto económico y social. En un contexto caracterizado por la acelerada transformación digital, la transición hacia economías basadas en el conocimiento y el incremento de la competencia global, la disponibilidad de laboratorios especializados, centros de investigación, plataformas tecnológicas y redes de cooperación constituye un factor estratégico para incrementar la productividad, estimular la innovación y fortalecer la competitividad de los territorios y las organizaciones. Sin embargo, América Latina continúa enfrentando importantes desafíos asociados con la baja inversión en investigación y desarrollo (I+D), la limitada articulación entre los actores del ecosistema de innovación y el aprovechamiento insuficiente de la infraestructura científica existente, lo que restringe la capacidad de los países para generar valor agregado y promover un crecimiento sostenible.

En este contexto, las pequeñas y medianas empresas (PYME) representan un escenario prioritario para la aplicación de la infraestructura científica, debido a las restricciones que enfrentan para acceder a capacidades tecnológicas, recursos especializados y procesos de innovación. El fortalecimiento de las relaciones entre universidades, centros de investigación, organismos gubernamentales y sector empresarial permite que estas organizaciones incorporen conocimiento científico en sus procesos productivos, desarrollen nuevos productos, mejoren su desempeño competitivo y aceleren su transformación digital. En consecuencia, este documento aborda, en primer lugar, los fundamentos conceptuales de la infraestructura científica y su panorama en América Latina; posteriormente, analiza su aplicación en la gestión de las PYME y su incidencia sobre la productividad empresarial; finalmente, propone estrategias orientadas a fortalecer el aprovechamiento de la infraestructura científica mediante la articulación entre los actores del sistema de CTI, contribuyendo así al desarrollo de ecosistemas de innovación más inclusivos, colaborativos y sostenibles.

1. Infraestructura científica

Concepto


La infraestructura científica puede definirse como el conjunto de instalaciones, equipamientos, plataformas tecnológicas, recursos especializados y capacidades organizacionales que hacen posible la generación, validación, preservación y transferencia del conocimiento científico y tecnológico. Esta infraestructura comprende laboratorios de investigación, centros de experimentación, instalaciones de metrología, redes de datos científicos, plataformas de servicios compartidos y demás recursos que permiten desarrollar actividades de investigación, desarrollo e innovación (I+D+i) bajo estándares de calidad, seguridad y confiabilidad. Desde una perspectiva económica, la infraestructura científica constituye un activo estratégico que fortalece las capacidades nacionales de innovación, incrementa la eficiencia de los procesos de investigación y favorece la competitividad mediante la generación de conocimiento aplicable a los sectores productivos (Temple & Williams, 2002; Heredia, 2022).


De manera complementaria, la infraestructura científica trasciende la dimensión física para convertirse en un componente estructural de los sistemas nacionales de ciencia, tecnología e innovación (CTI). Su valor radica en facilitar la interacción entre universidades, centros de investigación, empresas y entidades gubernamentales, promoviendo la investigación aplicada, la transferencia tecnológica, la formación de talento humano altamente calificado y la prestación de servicios científicos especializados. En consecuencia, la infraestructura científica debe entenderse como una plataforma habilitadora que permite transformar el conocimiento en innovación, fortalecer la productividad y contribuir al desarrollo económico sostenible mediante procesos de cooperación y aprendizaje tecnológico (Emiliozzi, 2019; Suárez-Alemán et al., 2019; Carmona Campo et al., 2026).

La infraestructura científica puede concebirse como el conjunto integrado de recursos físicos, tecnológicos, humanos e institucionales que sustentan el funcionamiento del sistema de ciencia, tecnología e innovación, posibilitando la producción de conocimiento, el desarrollo tecnológico, la validación de soluciones, la formación de capital humano y la articulación entre la academia, el Estado y el sector empresarial. Desde esta perspectiva, constituye un factor estratégico para elevar la productividad, impulsar la innovación y fortalecer la competitividad de los países en economías basadas en el conocimiento (Temple & Williams, 2002; Emiliozzi, 2019; Heredia, 2022; Suárez-Alemán et al., 2019; Carmona Campo et al., 2026).

Relevancia y pertinencia


La infraestructura científica representa uno de los pilares fundamentales para el desarrollo de economías basadas en el conocimiento, debido a que proporciona las condiciones necesarias para realizar investigación de calidad, acelerar los procesos de innovación y facilitar la transferencia tecnológica hacia el sector productivo. Su importancia trasciende la disponibilidad de laboratorios o equipamientos especializados, al convertirse en un mecanismo que fortalece la productividad, incrementa la capacidad de absorción tecnológica de las organizaciones, favorece la cooperación entre universidades y empresas y mejora la competitividad territorial. Asimismo, contribuye a la formación de talento humano, la generación de soluciones para problemas sociales y productivos y el fortalecimiento de los ecosistemas nacionales de innovación, constituyéndose en un elemento indispensable para el crecimiento económico sostenible y la transformación productiva (Temple & Williams, 2002; Emiliozzi, 2019; Heredia, 2022; Suárez-Alemán et al., 2019; Carmona Campo et al., 2026).

Panorama latinoamericano


América Latina presenta un desarrollo heterogéneo en materia de infraestructura científica y capacidades de investigación. De acuerdo con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la inversión regional en investigación y desarrollo (I+D) alcanzó apenas el 0,60 % del Producto Interno Bruto (PIB) en 2023, cifra considerablemente inferior al promedio de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), que supera el 2,6 % del PIB. Además, la mayor parte de esta inversión se concentra en Brasil, México y Argentina, mientras que numerosos países mantienen capacidades limitadas para sostener laboratorios especializados, plataformas tecnológicas y centros de investigación de alto nivel (Boichuk et al., 2026).

Esta brecha de inversión se refleja en diferencias significativas en la eficiencia y calidad de la infraestructura económica y científica de la región. El análisis comparativo realizado por Suárez-Alemán et al. (2019) evidencia que América Latina y el Caribe presentan importantes rezagos respecto de economías desarrolladas en indicadores asociados con infraestructura, eficiencia operativa y prestación de servicios públicos, factores que condicionan la productividad y la capacidad innovadora. En paralelo, Temple y Williams (2002) demostraron que la infraestructura de medición y los sistemas tecnológicos de soporte constituyen elementos determinantes para mejorar el desempeño económico, al reducir incertidumbre, aumentar la calidad de los procesos productivos y fortalecer la competitividad industrial.

A pesar de estas limitaciones, la región también presenta fortalezas relevantes. Heredia (2022) destaca que América Latina ha construido una tradición de infraestructura científica abierta, caracterizada por la cooperación entre universidades, organismos públicos y redes de acceso abierto, favoreciendo la democratización del conocimiento científico y la colaboración internacional. En la misma línea, Emiliozzi (2019) sostiene que el fortalecimiento de las políticas de ciencia, tecnología e innovación requiere orientar las inversiones hacia infraestructuras científicas capaces de responder a las necesidades sociales y productivas, promoviendo una mayor articulación entre investigación, innovación y desarrollo económico.

Los avances recientes también muestran una creciente relación entre la infraestructura científica y el crecimiento basado en el conocimiento. Carmona Campo et al. (2026) evidencian una relación bidireccional entre el crecimiento del PIB y la eficiencia de la inversión en investigación y desarrollo en América Latina, lo que indica que el fortalecimiento de las capacidades científicas no solo impulsa el desarrollo económico, sino que también genera condiciones para incrementar la eficiencia de futuras inversiones en innovación. Estos hallazgos respaldan la necesidad de consolidar infraestructuras científicas modernas, sostenibles y articuladas con el sector productivo, especialmente para fortalecer la competitividad y la productividad de las pequeñas y medianas empresas en la región (Carmona Campo et al., 2026).


2. Aplicación de la infraestructura científica en la gestión de las PYME

Importancia para las PYME


Las pequeñas y medianas empresas (PYME) desempeñan un papel fundamental en la generación de empleo, la diversificación productiva y el crecimiento económico; sin embargo, enfrentan limitaciones estructurales relacionadas con el acceso a tecnología, capacidades de investigación y recursos para innovar. En este contexto, la infraestructura científica constituye un mecanismo estratégico para reducir estas brechas, al facilitar el acceso a laboratorios especializados, plataformas tecnológicas, centros de investigación aplicada y servicios científicos que, individualmente, resultarían inalcanzables para la mayoría de estas organizaciones. La interacción con estos recursos permite a las PYME desarrollar nuevos productos, validar prototipos, optimizar procesos, realizar pruebas de calidad y acelerar la incorporación de tecnologías emergentes, fortaleciendo así su capacidad de innovación y su competitividad en mercados cada vez más exigentes (Crespi & Zúñiga, 2012; Hofman et al., 2016).

La infraestructura científica también fortalece la capacidad de absorción tecnológica de las PYME, entendida como la habilidad para identificar, asimilar, adaptar y explotar conocimiento proveniente del entorno científico y tecnológico. Este aspecto resulta especialmente relevante en economías latinoamericanas, donde la baja inversión privada en investigación y desarrollo limita la generación interna de innovación. En consecuencia, la articulación con universidades, centros tecnológicos y entidades públicas permite a las empresas acceder a conocimiento especializado, desarrollar proyectos colaborativos y disminuir los riesgos asociados a la innovación tecnológica, incrementando sus posibilidades de crecimiento sostenible (Pieri et al., 2018; Crespi & Zúñiga, 2012).

Infraestructura científica y productividad empresarial


La productividad empresarial depende cada vez más de la capacidad de las organizaciones para incorporar conocimiento, tecnologías avanzadas y procesos de innovación dentro de sus operaciones. En este sentido, la infraestructura científica constituye un factor determinante al proporcionar espacios donde las empresas pueden desarrollar investigación aplicada, realizar ensayos especializados, validar tecnologías, optimizar procesos productivos y mejorar la calidad de sus productos. Estas capacidades reducen tiempos de desarrollo, disminuyen errores experimentales, optimizan el uso de recursos y fortalecen la eficiencia operativa, generando ventajas competitivas sostenibles. Además, el acceso a infraestructura científica facilita la adopción de tecnologías digitales como inteligencia artificial, Internet de las Cosas (IoT), automatización y analítica de datos, acelerando la transformación digital de las organizaciones (Pieri et al., 2018; Hofman et al., 2016).

La evidencia empírica confirma esta relación. Crespi y Zúñiga (2012), al analizar empresas de seis países latinoamericanos, demostraron que las organizaciones que invierten en innovación obtienen mayores niveles de productividad que aquellas que no desarrollan actividades innovadoras. De igual forma, Pieri et al. (2018) evidenciaron que la combinación entre inversión en investigación y desarrollo (I+D) y tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC) produce efectos complementarios que incrementan significativamente la productividad empresarial. Asimismo, Hofman et al. (2016) concluyen que el desarrollo de infraestructura tecnológica y de comunicaciones contribuye al crecimiento económico mediante el aumento de la eficiencia productiva y la difusión del conocimiento, mientras que Fraga y Ferreira-Filho (2024) destacan que la calidad de la infraestructura constituye un determinante del crecimiento de la productividad en economías emergentes.

Beneficios para las PYME


El aprovechamiento de la infraestructura científica genera beneficios directos e indirectos que fortalecen la competitividad de las PYME. En primer lugar, permite validar tecnologías y prototipos antes de su comercialización, reduciendo la incertidumbre técnica y financiera asociada a la innovación. En segundo lugar, facilita el acceso a ensayos especializados, certificaciones y procesos de metrología que mejoran la calidad de los productos y favorecen la inserción en mercados nacionales e internacionales. Asimismo, el desarrollo de proyectos conjuntos con universidades y centros tecnológicos reduce los costos de investigación, promueve el aprendizaje organizacional y fortalece las capacidades internas de innovación (Crespi & Zúñiga, 2012; Pieri et al., 2018).

Otro beneficio relevante consiste en el acceso a equipamiento científico de alto costo, plataformas compartidas y talento altamente especializado, recursos que normalmente exceden la capacidad financiera de las pequeñas empresas. Esta interacción también favorece la formación del capital humano, el desarrollo de redes de cooperación, la transferencia tecnológica y la generación de nuevos modelos de negocio basados en conocimiento. Como resultado, las PYME incrementan su productividad, diversifican su oferta de productos y fortalecen su capacidad para responder a las exigencias de mercados cada vez más dinámicos y tecnológicos (Hofman et al., 2016; Fraga & Ferreira-Filho, 2024).

El papel de la gestión empresarial


El aprovechamiento de la infraestructura científica requiere que las organizaciones incorporen la innovación y la gestión tecnológica como componentes centrales de su estrategia empresarial. La infraestructura científica no debe entenderse únicamente como un recurso externo al que se accede de manera ocasional, sino como un activo estratégico que fortalece la planeación, la toma de decisiones y el desarrollo de ventajas competitivas sostenibles. En este sentido, la alta dirección debe promover políticas orientadas a la vigilancia tecnológica, la investigación aplicada, la gestión del conocimiento, la transformación digital y el establecimiento de alianzas con universidades, centros de investigación y organismos públicos de innovación (Pieri et al., 2018; Crespi & Zúñiga, 2012).

Desde una perspectiva gerencial, integrar la infraestructura científica dentro de la estrategia organizacional implica desarrollar capacidades para identificar oportunidades tecnológicas, gestionar proyectos de innovación, acceder a fuentes de financiación para I+D y fortalecer la cultura innovadora. La evidencia muestra que las empresas que articulan la investigación científica con la gestión empresarial logran mayores niveles de productividad, innovación y crecimiento económico, especialmente cuando combinan inversiones en tecnologías digitales, capacitación del talento humano y cooperación con instituciones científicas (Hofman et al., 2016; Fraga & Ferreira-Filho, 2024).

Aplicación al contexto colombiano


En Colombia, el fortalecimiento de la infraestructura científica constituye uno de los principales instrumentos para impulsar la innovación y mejorar la competitividad de las PYME. El Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (SNCTI), liderado por el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación (MinCiencias), articula universidades, centros de investigación, centros de desarrollo tecnológico, empresas y entidades gubernamentales con el propósito de fortalecer las capacidades científicas y tecnológicas del país. A este ecosistema se suman instituciones como el Servicio Nacional de Aprendizaje (SENA), que mediante programas de innovación, extensionismo tecnológico y laboratorios especializados facilita el acceso de las empresas a servicios tecnológicos y procesos de transferencia de conocimiento (Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación, 2024; SENA, 2024).

De igual forma, los Centros de Desarrollo Tecnológico (CDT), los parques científicos y tecnológicos, las cámaras de comercio y las instituciones de educación superior desempeñan un papel fundamental en la articulación entre la academia y el sector productivo. Estas entidades ofrecen servicios de investigación aplicada, desarrollo experimental, metrología, certificación, prototipado, propiedad intelectual y transferencia tecnológica, permitiendo que las PYME incorporen innovación en sus procesos y productos con menores niveles de riesgo. No obstante, persisten desafíos relacionados con la baja inversión empresarial en I+D, la limitada articulación universidad–empresa y la necesidad de fortalecer mecanismos de cooperación que permitan ampliar el acceso de las PYME a la infraestructura científica disponible en el país (Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación, 2024; Consejo Privado de Competitividad, 2024).

3. Estrategias para el aprovechamiento de la infraestructura científica por parte de las PYME


¿Cómo pueden aprovecharla las PYME?


El aprovechamiento de la infraestructura científica por parte de las PYME requiere una visión estratégica que trascienda la adquisición de tecnología y se oriente hacia la construcción de capacidades de innovación mediante la colaboración con los actores del ecosistema de ciencia, tecnología e innovación (CTI). Aunque la mayoría de las pequeñas y medianas empresas carece de laboratorios propios o departamentos de investigación y desarrollo, pueden acceder a infraestructura científica existente a través de universidades, centros de investigación, centros de desarrollo tecnológico, parques científicos, laboratorios nacionales y plataformas tecnológicas compartidas. Estos espacios permiten desarrollar investigación aplicada, validar prototipos, realizar ensayos especializados, acceder a equipos científicos de alto costo y participar en proyectos colaborativos de innovación, reduciendo significativamente los costos y riesgos asociados al desarrollo tecnológico (Heredia, 2022; Crespi & Zúñiga, 2012).

Asimismo, las PYME pueden fortalecer su capacidad innovadora mediante su participación en programas públicos de innovación, convocatorias de financiación para proyectos de I+D, redes empresariales, clústeres sectoriales y mecanismos de innovación abierta. Estas iniciativas facilitan el intercambio de conocimiento, el acceso a capacidades científicas especializadas y la incorporación de nuevas tecnologías dentro de los procesos productivos. La evidencia demuestra que las empresas que interactúan activamente con el sistema científico desarrollan mayores capacidades de absorción tecnológica, incrementan la productividad y mejoran sus posibilidades de competir en mercados nacionales e internacionales (Emiliozzi, 2019; Carmona Campo et al., 2026).

Barreras para el aprovechamiento


A pesar de la disponibilidad de infraestructura científica en numerosos países latinoamericanos, las PYME enfrentan diversas barreras que limitan su utilización efectiva. Entre las principales restricciones se encuentran el desconocimiento sobre la oferta de servicios tecnológicos disponibles, la limitada cultura de innovación, la escasa inversión en investigación y desarrollo, la insuficiente capacidad para gestionar proyectos tecnológicos y la percepción de que la investigación científica constituye una actividad exclusiva de universidades y grandes empresas. Estas condiciones reducen la capacidad de las organizaciones para identificar oportunidades de colaboración y dificultan la incorporación del conocimiento científico dentro de sus procesos productivos (Crespi & Zúñiga, 2012; Emiliozzi, 2019).

A estas limitaciones se suman factores estructurales como la débil articulación entre universidades, empresas y Estado, la existencia de marcos institucionales poco flexibles para la cooperación científica, la escasez de gestores tecnológicos especializados y las dificultades para acceder a mecanismos de financiación orientados a la innovación empresarial. Myslikova (2025) destaca que, además de las instituciones formales, las instituciones informales —como la confianza, las redes de colaboración y la cultura organizacional— desempeñan un papel determinante en la capacidad de las empresas para aprovechar los ecosistemas de innovación. Cuando estas condiciones son débiles, la infraestructura científica tiende a permanecer subutilizada, limitando su impacto sobre la productividad y el desarrollo tecnológico (Myslikova, 2025; Heredia, 2022).

Estrategias de aprovechamiento


Superar estas barreras exige el diseño de estrategias que promuevan una mayor integración entre las PYME y los actores del sistema de ciencia, tecnología e innovación. Una primera estrategia consiste en fortalecer las alianzas universidad–empresa–Estado mediante proyectos de investigación aplicada, contratos de desarrollo tecnológico, programas de innovación abierta y redes de cooperación científica. De igual forma, resulta fundamental facilitar el acceso de las empresas a laboratorios compartidos, plataformas tecnológicas, centros de prototipado y servicios especializados de metrología, certificación y validación tecnológica, permitiendo reducir costos de innovación y acelerar el desarrollo de nuevos productos (Heredia, 2022; Emiliozzi, 2019).

Otra estrategia consiste en incorporar metodologías de gestión tecnológica que orienten el desarrollo progresivo de las innovaciones, como los Technology Readiness Levels (TRL), la vigilancia tecnológica, la inteligencia competitiva y la gestión del conocimiento. Estas herramientas permiten planificar el tránsito desde la investigación básica hasta la comercialización de nuevos productos, facilitando la toma de decisiones y la asignación eficiente de recursos. Asimismo, es recomendable promover la participación de las PYME en convocatorias públicas de financiación, programas de extensionismo tecnológico, proyectos de transformación digital y redes internacionales de innovación, fortaleciendo así su capacidad para absorber conocimiento científico y convertirlo en ventajas competitivas sostenibles (Crespi & Zúñiga, 2012; Carmona Campo et al., 2026).

Desde una perspectiva institucional, también resulta necesario consolidar políticas públicas orientadas a fortalecer la gobernanza de la infraestructura científica, incentivar la colaboración interinstitucional y ampliar el acceso de las PYME a servicios científico-tecnológicos. La creación de plataformas tecnológicas abiertas, mecanismos de financiamiento para proyectos colaborativos y programas de transferencia tecnológica favorece la construcción de ecosistemas de innovación más inclusivos, donde las pequeñas empresas puedan acceder a capacidades científicas que, de manera individual, serían financieramente inviables (Heredia, 2022; Emiliozzi, 2019).


El rol de las universidades

Las universidades constituyen uno de los principales actores para facilitar el aprovechamiento de la infraestructura científica por parte de las PYME, debido a que concentran laboratorios especializados, grupos de investigación, investigadores altamente calificados y capacidades para desarrollar investigación aplicada. Su función ya no se limita exclusivamente a la formación profesional, sino que incorpora procesos de transferencia tecnológica, extensión, emprendimiento, incubación empresarial y gestión de la propiedad intelectual. En este contexto, las instituciones de educación superior actúan como intermediarias entre la generación de conocimiento y su aplicación práctica en el sector productivo, fortaleciendo los procesos de innovación empresarial y el desarrollo regional (Heredia, 2022; Emiliozzi, 2019).

Además, las universidades desempeñan un papel esencial en la formación de talento humano con competencias científicas y tecnológicas, facilitando la incorporación de estudiantes y jóvenes investigadores en proyectos empresariales mediante prácticas, pasantías, trabajos de grado y programas de investigación colaborativa. Estas iniciativas fortalecen la capacidad de absorción tecnológica de las PYME y favorecen la creación de redes de innovación que integran conocimiento científico, capacidades empresariales y políticas públicas. Como señalan Crespi y Zúñiga (2012), las empresas que mantienen vínculos permanentes con instituciones de investigación presentan mayores probabilidades de innovar y mejorar su productividad, mientras que Carmona Campo et al. (2026) evidencian que el fortalecimiento de estas capacidades científicas constituye un factor determinante para impulsar el crecimiento económico basado en el conocimiento.

Conclusiones


La infraestructura científica constituye un activo estratégico para el desarrollo de economías basadas en el conocimiento, al proporcionar las capacidades necesarias para generar investigación, desarrollar tecnología, validar innovaciones y transferir conocimiento hacia el sector productivo. Más allá de su dimensión física, integra recursos tecnológicos, organizacionales e institucionales que fortalecen los sistemas de ciencia, tecnología e innovación (CTI), favoreciendo la productividad, la competitividad y el desarrollo sostenible de los países.

En América Latina persisten importantes brechas en inversión en investigación y desarrollo, disponibilidad de infraestructura científica y articulación entre los actores del ecosistema de innovación. Estas limitaciones reducen la capacidad de transformar el conocimiento científico en soluciones de alto valor agregado y restringen el crecimiento de sectores intensivos en tecnología. No obstante, las experiencias desarrolladas en la región evidencian que el fortalecimiento de la infraestructura científica, acompañado de políticas públicas adecuadas y mecanismos de gobernanza efectivos, constituye una oportunidad para impulsar la innovación y mejorar la competitividad regional.

Para las PYME, la infraestructura científica representa una alternativa para superar restricciones asociadas con la limitada disponibilidad de recursos tecnológicos y financieros. El acceso a laboratorios especializados, plataformas tecnológicas, centros de investigación y redes de cooperación permite desarrollar nuevos productos, validar tecnologías, optimizar procesos y fortalecer la capacidad de absorción del conocimiento, incrementando así la productividad empresarial y facilitando la incorporación de tecnologías emergentes.

El aprovechamiento efectivo de la infraestructura científica depende de la consolidación de ecosistemas colaborativos donde universidades, empresas, Estado y centros tecnológicos actúen de manera articulada. En este escenario, las universidades desempeñan un papel esencial como generadoras de conocimiento, promotoras de la transferencia tecnológica y formadoras de talento humano, mientras que las entidades gubernamentales deben fortalecer los mecanismos de financiación, las plataformas tecnológicas compartidas y las políticas que incentiven la cooperación interinstitucional y la innovación abierta.

Finalmente, la incorporación de la infraestructura científica dentro de la estrategia empresarial debe asumirse como una decisión de largo plazo orientada al fortalecimiento de las capacidades de innovación de las PYME. La adopción de metodologías de gestión tecnológica, el desarrollo de alianzas estratégicas y la participación activa en los sistemas de CTI permitirán transformar el conocimiento científico en ventajas competitivas sostenibles, contribuyendo simultáneamente al crecimiento empresarial, al desarrollo regional y a la consolidación de economías más productivas, resilientes e intensivas en conocimiento.

Referencias


Boichuk, W. I. D., Goettsch, M., & Lema Vélez, L. (2026, 25 de junio). Infraestructura científica: Un motor silencioso para la productividad e innovación de América Latina y el Caribe. Banco Interamericano de Desarrollo. https://www.iadb.org/es/blog/ciencia-tecnologia-e-innovacion/infraestructura-cientifica-un-motor-silencioso-para-la-productividad-e-innovacion-de-america-latina-y-el-caribe

Carmona Campo, C. J., Vásquez Peñaloza, L., & Echeverria P., F. (2026). Dynamic models of knowledge-based growth: Evidence of bidirectional causality between GDP and R&D efficiency in Latin America. Procedia Computer Science, 280, 1225–1232. https://doi.org/10.1016/j.procs.2026.04.163

Crespi, G., & Zúñiga, P. (2012). Innovation and productivity: Evidence from six Latin American countries. World Development, 40(2), 273–290. https://doi.org/10.1016/j.worlddev.2011.07.010

Echeverry-Mejía, J. A., & Isoglio, A. (2019). Investigación e innovación orientadas: ¿Hacia dónde dirigir los esfuerzos? Ciencia, Docencia y Tecnología, 30(59), 1–25. https://doi.org/10.33255/3059/697

Fawaz, F., Popiashvili, A., & Mnif, A. (2021). The effects of telecommunications infrastructure on Latin America's economic growth. Problemas del Desarrollo. Revista Latinoamericana de Economía, 52(206), 143–167. https://doi.org/10.22201/iiec.20078951e.2021.206.69627

Fraga, J. S., & Ferreira-Filho, H. L. (2024). Infrastructure, growth and productivity: An analysis in dynamic heterogeneous panels. Investigación Económica, 83(329), 74–105. https://doi.org/10.22201/fe.01851667p.2024.329.86825

Heredia, A. (2022). A tradition of open, academy-owned, and non-profit research infrastructure in Latin America. Information Services & Use, 42(3–4), 329–340. https://doi.org/10.3233/ISU-220177

Hofman, A., Aravena, C., & Aliaga, V. (2016). Information and communication technologies and their impact in the economic growth of Latin America, 1990–2013. Telecommunications Policy, 40(5), 485–501. https://doi.org/10.1016/j.telpol.2016.02.002

Myslikova, Z. (2025). How informal institutions drive innovation: Insights from energy technology innovation systems in Latin America. Energy Research & Social Science, 119, 103899. https://doi.org/10.1016/j.erss.2024.103899

Organisation for Economic Co-operation and Development. (2025). Main Science and Technology Indicators. OECD Publishing. https://www.oecd.org/en/data/datasets/main-science-and-technology-indicators.html

Pieri, F., Vecchi, M., & Venturini, F. (2018). Modelling the joint impact of R&D and ICT on productivity: A frontier analysis approach. Research Policy, 47(9), 1842–1852. https://doi.org/10.1016/j.respol.2018.06.013

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Quiroga-Parra, D. J., Torrent-Sellens, J., & Murcia-Zorrilla, C. P. (2017). Information technology in Latin America, its impact on productivity: A comparative analysis with developed countries. DYNA, 84(200), 281–290. https://doi.org/10.15446/dyna.v84n200.60632

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domingo, 21 de junio de 2026

Conversaciones sobre Gobierno Corporativo

 

Esta publicación presenta una reflexión sobre el Gobierno Corporativo, construida a partir de una enriquecedora conversación académica con el Dr. Miguel Ángel Cervantes Penagos, profesor de la Facultad de Contaduría Pública de la BUAP. En ella se analizan sus fundamentos, estructura, mecanismos de supervisión, gestión del riesgo, sostenibilidad y tendencias internacionales, destacando su importancia para fortalecer la transparencia, la ética, la competitividad y la creación de valor sostenible en las organizaciones.

El Gobierno Corporativo

1. Fundamentos y Principios del Gobierno Corporativo

El gobierno corporativo constituye el conjunto de principios, estructuras y mecanismos mediante los cuales se dirige y controla una organización, buscando equilibrar los intereses de accionistas, directivos y demás grupos de interés. Su importancia radica en la capacidad de promover la transparencia, la confianza y la sostenibilidad empresarial en entornos cada vez más complejos y competitivos. Desde la perspectiva de la teoría de agencia, el gobierno corporativo surge como una respuesta a los posibles conflictos entre propietarios y administradores, estableciendo sistemas de supervisión y control que reduzcan las asimetrías de información y alineen los objetivos organizacionales con los intereses de los inversionistas (Acosta Palomeque, 2018). Asimismo, estos principios fortalecen la legitimidad institucional y contribuyen a la generación de valor de largo plazo.

Los principios fundamentales del gobierno corporativo incluyen la transparencia, la rendición de cuentas, la responsabilidad, la equidad y el respeto por los derechos de los grupos de interés. Estos elementos permiten construir organizaciones más sólidas y confiables, capaces de responder a las exigencias regulatorias y sociales del entorno. La implementación de estos principios requiere estructuras formales de supervisión, políticas claras y una cultura organizacional orientada a la ética y la integridad. Diversos estudios destacan que las organizaciones que fortalecen sus prácticas de gobierno corporativo mejoran sus niveles de desempeño, acceso a recursos y reputación institucional, favoreciendo procesos de mejora continua y sostenibilidad empresarial (Haro-Sarango, 2021; Burgos Camacho, 2023; Brito, 2007).

2. Estructura y Mecanismos de Gobierno

La estructura del gobierno corporativo está conformada por los órganos y actores responsables de orientar, supervisar y controlar el funcionamiento de la organización. Entre ellos destacan los accionistas, la asamblea general, el consejo de administración, los comités especializados y la alta dirección. Cada uno desempeña funciones específicas que permiten garantizar una adecuada separación entre la propiedad y la gestión, fortaleciendo la toma de decisiones y reduciendo los riesgos asociados a la concentración del poder. Esta arquitectura organizacional facilita la supervisión estratégica y promueve relaciones más transparentes entre los diferentes niveles de gobierno. De acuerdo con Haro-Sarango (2021), una estructura bien diseñada contribuye significativamente a la transparencia, la eficiencia administrativa y la mejora continua de las organizaciones.

Los mecanismos de gobierno corporativo incluyen instrumentos formales de control y supervisión, tales como los comités de auditoría, riesgos, nominaciones y remuneraciones, además de sistemas de control interno y evaluación del desempeño. Estos mecanismos permiten monitorear la actuación de los directivos, asegurar el cumplimiento normativo y fortalecer la calidad de la información utilizada para la toma de decisiones. Asimismo, favorecen la protección de los intereses de los inversionistas y otros grupos de interés. La evidencia demuestra que la implementación de mecanismos robustos de gobierno corporativo fortalece la gestión del conocimiento, mejora el aprovechamiento del capital intelectual y genera ventajas competitivas sostenibles para las organizaciones (Tejedo-Romero & Araujo, 2017; Burgos Camacho, 2023; Acosta Palomeque, 2018).

3. Gobierno Corporativo, Riesgo y Sostenibilidad

El gobierno corporativo desempeña un papel fundamental en la gestión integral de los riesgos organizacionales, al establecer mecanismos que permiten identificar, evaluar, monitorear y mitigar amenazas que puedan afectar el cumplimiento de los objetivos estratégicos. Estos riesgos pueden ser de naturaleza financiera, operativa, legal, tecnológica, reputacional o ambiental, por lo que requieren estructuras de supervisión capaces de anticipar escenarios adversos y promover decisiones informadas. Un sistema sólido de gobierno corporativo fortalece los procesos de control interno, mejora la calidad de la información y contribuye a reducir la incertidumbre inherente a la gestión empresarial. Desde la perspectiva de la teoría de agencia, estos mecanismos permiten alinear los intereses de directivos y propietarios, disminuyendo comportamientos oportunistas y fortaleciendo la confianza de los inversionistas (Acosta Palomeque, 2018).

De igual manera, el gobierno corporativo se ha convertido en un elemento esencial para impulsar la sostenibilidad empresarial y la responsabilidad social corporativa. Las organizaciones modernas son evaluadas no solo por sus resultados financieros, sino también por su impacto social, ambiental y ético. En este contexto, la incorporación de criterios ESG (Environmental, Social and Governance) fortalece la creación de valor sostenible y mejora la legitimidad institucional ante los diferentes grupos de interés. La evidencia muestra que las empresas que integran prácticas éticas, transparentes y socialmente responsables en sus sistemas de gobierno generan mayores niveles de confianza, reputación y sostenibilidad en el largo plazo. Asimismo, estas prácticas contribuyen a equilibrar los objetivos económicos con las demandas sociales y ambientales de la sociedad contemporánea (Brito, 2007; Haro-Sarango, 2021; Burgos Camacho, 2023).

4. Aplicaciones, Modelos y Tendencias

El gobierno corporativo ha evolucionado para adaptarse a diferentes contextos organizacionales, dando origen a diversos modelos que responden a características económicas, culturales y regulatorias específicas. Entre los más reconocidos se encuentran el modelo anglosajón, centrado en la protección de los accionistas; el modelo europeo continental, orientado al equilibrio entre múltiples grupos de interés; y los enfoques emergentes aplicados en América Latina y otras economías en desarrollo. Asimismo, las prácticas de gobierno corporativo han trascendido las grandes corporaciones, siendo adoptadas por empresas familiares, cooperativas y pequeñas y medianas empresas como herramientas para fortalecer la transparencia, la profesionalización de la gestión y la sostenibilidad organizacional. Estas aplicaciones permiten mejorar la gobernanza y facilitar el acceso a nuevas oportunidades de crecimiento (Burgos Camacho, 2023; Haro-Sarango, 2021).

Las tendencias contemporáneas del gobierno corporativo están marcadas por la transformación digital, la sostenibilidad y el fortalecimiento de los mecanismos de supervisión estratégica. La creciente importancia de los activos intangibles, la gestión del conocimiento y el capital intelectual ha llevado a los consejos de administración a incorporar nuevas competencias y enfoques de control. Del mismo modo, temas como la inteligencia artificial, la ciberseguridad, la protección de datos y la diversidad en los órganos de gobierno se han convertido en aspectos prioritarios para las organizaciones modernas. La evidencia muestra que los mecanismos de gobierno corporativo influyen positivamente en la generación y aprovechamiento del capital intelectual, favoreciendo la innovación y la competitividad empresarial. En consecuencia, el gobierno corporativo se consolida como un factor estratégico para enfrentar los desafíos de un entorno global cada vez más dinámico y complejo (Tejedo-Romero & Araujo, 2017; Brito, 2007; Acosta Palomeque, 2018).

La imagen de más abajo, resume la información sobre Gobierno Corporativo:


Conversación con Miguel Ángel Cervantes


Perfil de Miguel Ángel Cervantes Penagos

El Dr. Miguel Ángel Cervantes Penagos es un destacado académico, investigador, consultor y contador público mexicano, vinculado a la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla como profesor de licenciatura, maestría y doctorado en la Facultad de Contaduría Pública. Es Contador Público y Auditor por la BUAP, cuenta con una Maestría en Derecho Corporativo y Empresarial y un Doctorado en Dirección de Organizaciones por la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla, además de especializaciones en Derecho Fiscal y educación virtual. Su trayectoria profesional supera tres décadas en áreas como auditoría, finanzas, derecho fiscal, gobierno corporativo y consultoría empresarial. Ha sido asesor de tesis de posgrado, conferencista nacional e internacional, investigador universitario y dirigente de organismos profesionales, destacándose como presidente de la Comisión Nacional de Educación Profesional Continua del Instituto Mexicano de Contadores Públicos (IMCP) y miembro de diversas comisiones técnicas relacionadas con normas financieras, auditoría y gobierno corporativo. Asimismo, ha desarrollado una intensa actividad académica en universidades de México y América Latina, consolidándose como referente en contabilidad, fiscalidad, finanzas y gobierno corporativo.

Modelo internacional de Gobierno Corporativo


El Modelo Internacional de Gobierno Corporativo es una estructura diseñada para garantizar la adecuada dirección, supervisión y control de las organizaciones, especialmente aquellas con estructuras societarias complejas o participación en mercados de capitales. Su finalidad es equilibrar los intereses de accionistas, directivos y demás grupos de interés mediante mecanismos que promueven la transparencia, la rendición de cuentas, la responsabilidad corporativa y la sostenibilidad empresarial. Inspirado en los principios de la OCDE, este modelo busca fortalecer la confianza en las instituciones y mejorar la calidad de las decisiones estratégicas. En la cúspide se encuentran los accionistas, quienes ejercen sus derechos a través de la Asamblea General de Accionistas, máximo órgano de decisión encargado de aprobar estados financieros, elegir miembros del Consejo de Administración, definir la distribución de utilidades y autorizar transformaciones corporativas relevantes para el futuro empresarial.

Por debajo de la Asamblea se encuentra el Consejo de Administración o Board of Directors, responsable de definir la visión estratégica, supervisar a la alta dirección y garantizar el cumplimiento de las políticas corporativas. El Consejo se apoya en comités especializados, como Auditoría, Finanzas y Planeación, Nominaciones y Remuneraciones, Conflictos y Comité Ejecutivo, los cuales fortalecen la supervisión y la toma de decisiones. El Presidente del Consejo coordina sus actividades y, en este modelo, mantiene funciones separadas de las del Director General o CEO para evitar la concentración de poder. El CEO ejecuta las estrategias aprobadas y coordina las áreas funcionales, entre ellas Finanzas, Adquisiciones y Operaciones. Esta clara separación entre propiedad, supervisión y gestión favorece la transparencia, la gestión de riesgos, la sostenibilidad organizacional y la creación responsable de valor económico y social.

En síntesis, la estructura presentada por el Dr. Miguel Ángel Cervantes Penagos corresponde a un modelo anglosajón o internacional de gobierno corporativo, caracterizado por un Consejo de Administración fuerte, apoyado por comités especializados y separado de la gestión ejecutiva, con el propósito de maximizar el valor empresarial, reducir riesgos de agencia y garantizar una administración profesional y transparente.

Modelo Propuesto de Gobierno Corporativo

La imagen presenta un modelo ampliado de gobierno corporativo que integra los órganos tradicionales de dirección con mecanismos de control, auditoría, cumplimiento y elementos de cultura organizacional. En la parte superior se encuentran los accionistas, quienes ejercen la propiedad de la organización y delegan sus decisiones en la Asamblea General de Accionistas, máxima instancia de gobierno. A partir de esta se configura el Consejo de Administración o, alternativamente, la figura del Administrador Único, evidenciando que el modelo puede adaptarse a diferentes tipos de sociedades. Posteriormente aparece la Dirección General, responsable de ejecutar las estrategias aprobadas por el órgano de gobierno, seguida por el área de Operaciones, donde se desarrollan las actividades productivas y de prestación de servicios. A la izquierda se incorporan dos componentes transversales, Sostenibilidad y Espiritualidad en el trabajo, indicando que la gestión corporativa debe sustentarse en valores, responsabilidad social y bienestar organizacional.

El modelo también fortalece los mecanismos de supervisión mediante la figura del Comisario, quien actúa como órgano independiente de vigilancia y mantiene relación con las áreas Legal, Finanzas y Administración, garantizando el cumplimiento normativo y la adecuada gestión institucional. Paralelamente se incorpora el Auditor Interno o Contralor, encargado de evaluar permanentemente la eficacia de los controles internos. En el costado derecho se observan tres comités especializados: Comité de Auditoría, Comité de Finanzas y Comité de Evaluación y Desempeño, integrados por el Comisario, el Administrador Único, auditores internos y externos, según corresponda. Finalmente, la presencia de los Trabajadores en la base del esquema refleja que el gobierno corporativo no solo involucra a los órganos directivos, sino que también reconoce la importancia del talento humano como actor esencial para ejecutar las estrategias, fortalecer la transparencia, gestionar los riesgos y asegurar la sostenibilidad de la organización.

Referencias

Acosta Palomeque, G. R. (2018). Gobierno corporativo y poder desde la perspectiva de la teoría de agencia. Ciencias Administrativas, 12, 41–56. https://www.scielo.org.ar/scielo.php?pid=S2314-37382018000200041&script=sci_arttext

Brito, M. (2007). Ética, responsabilidad social y rentabilidad en la “era del gobierno corporativo”. Revista Venezolana de Gerencia, 12(38), 183–206. https://ve.scielo.org/scielo.php?pid=S1315-99842007000200003&script=sci_arttext

Burgos Camacho, M. J. (2023). Implicaciones y requisitos para la implementación de un gobierno corporativo en cooperativas costarricenses. Revista Nacional de Administración, 14(1), 1–18. https://www.scielo.sa.cr/scielo.php?pid=S1659-49322023000100004&script=sci_arttext

Haro-Sarango, A. (2021). Estructura de gobierno corporativo: Un aplicativo para la transparencia y mejora empresarial en Ecuador. Revista Científica en Ciencias Sociales, 3(2), 111–121. https://scielo.iics.una.py/pdf/rccsociales/v3n2/2708-0412-rccsociales-3-02-111.pdf

Tejedo-Romero, F., & Araujo, J. F. F. E. (2017). Mecanismos de gobierno corporativo y capital intelectual en empresas cotizadas españolas. Revista Brasileira de Gestão de Negócios, 19(65), 591–609. https://www.scielo.br/j/rbgn/a/8KrpSYZHcfxPzwJDXDbJt5b/?lang=es

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sábado, 13 de junio de 2026

Las tecnologías emergentes en la gestión del talento humano


El futuro del talento humano no será tecnológico: será profundamente humano. Hace algunos días, este jueves 11 de junio de 2026, tuve la oportunidad de participar en un interesante conversatorio  desarrollado en el marco del III Encuentro Internacional en Gestión del Talento Humano y Liderazgo, un espacio académico dedicado a reflexionar sobre el impacto de las tecnologías emergentes en la gestión del talento humano. Aunque el evento abordó múltiples perspectivas, hubo una conclusión que se repitió constantemente desde diferentes enfoques: la transformación digital no está sustituyendo a las personas; está redefiniendo la forma en que las organizaciones comprenden, desarrollan y potencian el talento.

Durante años, la gestión del talento humano fue concebida principalmente como una función administrativa orientada al control de procesos, el cumplimiento normativo y la gestión operativa del personal. Sin embargo, la acelerada evolución tecnológica ha impulsado una transición hacia modelos mucho más estratégicos. Hoy hablamos de organizaciones capaces de utilizar datos, inteligencia artificial, automatización y plataformas digitales para tomar decisiones más rápidas y precisas sobre selección, formación, compensación, bienestar y desarrollo profesional.

No obstante, una de las reflexiones más interesantes del conversatorio consistió en reconocer que la tecnología, por sí sola, no garantiza mejores resultados. La inteligencia artificial puede procesar miles de hojas de vida en cuestión de segundos, identificar patrones de desempeño y sugerir candidatos potencialmente exitosos, pero continúa siendo incapaz de comprender plenamente aspectos profundamente humanos como la empatía, la resiliencia, los valores personales, la motivación o la capacidad de inspirar a otros. En consecuencia, el reto no consiste en decidir entre personas o algoritmos, sino en construir sistemas donde ambos trabajen de manera complementaria.

Otro aspecto ampliamente discutido fue la creciente importancia de la transparencia en los sistemas de inteligencia artificial aplicados a recursos humanos. A medida que las organizaciones utilizan algoritmos para apoyar decisiones relacionadas con contratación, promoción o evaluación del desempeño, aumenta también la necesidad de garantizar procesos justos y explicables. Los trabajadores desean saber cómo se toman las decisiones que afectan su carrera profesional. La confianza organizacional no se construye únicamente con precisión tecnológica; se fortalece cuando existe claridad, ética y responsabilidad en el uso de la información.


En este contexto apareció una herramienta que está ganando cada vez mayor protagonismo: People Analytics. La capacidad de analizar datos relacionados con el comportamiento, el desempeño y las dinámicas laborales permite anticipar fenómenos como la rotación, el ausentismo o las necesidades futuras de capacitación. Sin embargo, también se advirtió que la analítica de personas debe ser utilizada con prudencia. Cuando los datos se convierten en el único criterio para comprender a los colaboradores, existe el riesgo de reducir la complejidad humana a simples indicadores estadísticos. Los números aportan información valiosa, pero nunca sustituyen el juicio profesional ni la comprensión integral de las personas.

La conversación también abordó un tema que preocupa cada vez más a directivos y trabajadores: el impacto de la transformación digital sobre la cultura organizacional. Las nuevas tecnologías están modificando profundamente la forma en que nos comunicamos, colaboramos y lideramos. Las estructuras jerárquicas tradicionales están dando paso a organizaciones más flexibles, ágiles y descentralizadas. Los líderes del futuro deberán desarrollar capacidades diferentes a las que tradicionalmente se consideraban suficientes. Más allá del conocimiento técnico, necesitarán habilidades para gestionar incertidumbre, facilitar procesos de cambio, promover la innovación y mantener equipos cohesionados en entornos híbridos y virtuales.

Uno de los aportes más enriquecedores del conversatorio provino de la discusión sobre la llamada colaboración humano-máquina. Durante décadas se ha especulado acerca de la posibilidad de que la automatización elimine gran parte de los empleos actuales. Sin embargo, la visión predominante entre los participantes fue mucho más equilibrada. Las máquinas continuarán asumiendo tareas repetitivas, rutinarias y altamente estructuradas, pero las competencias exclusivamente humanas adquirirán aún más valor. La creatividad, el pensamiento crítico, la inteligencia emocional, la negociación, la capacidad de adaptación y el liderazgo seguirán siendo factores diferenciadores imposibles de replicar completamente mediante algoritmos.

Esta realidad obliga a replantear los modelos de formación dentro de las organizaciones. El aprendizaje ya no puede concebirse como una actividad ocasional desarrollada únicamente mediante cursos periódicos. La velocidad del cambio tecnológico exige una cultura de aprendizaje permanente. Las organizaciones exitosas serán aquellas capaces de construir ecosistemas donde el conocimiento fluya continuamente, donde el error sea entendido como una oportunidad de aprendizaje y donde las personas desarrollen la capacidad de reinventarse profesionalmente a lo largo de toda su trayectoria laboral.


Un tema especialmente relevante fue el bienestar de los trabajadores en un entorno cada vez más digitalizado. La consolidación del teletrabajo y de los modelos híbridos ha generado oportunidades significativas en términos de flexibilidad y productividad. Sin embargo, también ha introducido nuevos riesgos relacionados con el agotamiento emocional, la hiper conectividad, el aislamiento social y la dificultad para establecer límites entre la vida personal y laboral. En este escenario, la gestión del talento humano enfrenta el desafío de diseñar estrategias que protejan la salud mental y promuevan experiencias laborales sostenibles.

Precisamente, la discusión sobre bienestar permitió comprender que el concepto de productividad está evolucionando. Durante mucho tiempo las organizaciones asociaron el desempeño exclusivamente con resultados cuantificables. Hoy resulta evidente que la productividad sostenible depende también de factores como el compromiso, la satisfacción laboral, el sentido de propósito y la calidad de las relaciones interpersonales. Las tecnologías pueden facilitar procesos y aumentar la eficiencia, pero el bienestar continúa siendo una responsabilidad esencialmente humana.

Otro aspecto que despertó gran interés fue el potencial de tecnologías inmersivas como la realidad aumentada y la realidad virtual. Estas herramientas prometen transformar radicalmente los procesos de capacitación, entrenamiento e integración de nuevos colaboradores. La posibilidad de recrear situaciones complejas, simular escenarios de riesgo o desarrollar experiencias prácticas sin afectar la operación real abre oportunidades extraordinarias para el aprendizaje organizacional. No obstante, se enfatizó que la incorporación de estas tecnologías debe responder a objetivos pedagógicos claros y no simplemente a tendencias de innovación.

Finalmente, al analizar las perspectivas para la próxima década, surgió un consenso significativo: la gestión del talento humano se convertirá en uno de los principales factores de competitividad organizacional. La tecnología continuará evolucionando a velocidades cada vez mayores, pero las organizaciones que lograrán diferenciarse serán aquellas capaces de construir culturas basadas en la confianza, el aprendizaje continuo, la adaptabilidad y el liderazgo ético. El verdadero desafío no será adoptar nuevas herramientas digitales, sino desarrollar la madurez organizacional necesaria para utilizarlas de manera responsable y estratégica.

Al terminar el conversatorio, me quedó una reflexión que considero fundamental para cualquier directivo, docente, consultor o profesional de recursos humanos. La revolución tecnológica no está planteando una discusión entre humanidad y tecnología. Lo que realmente estamos viviendo es una oportunidad histórica para redefinir la relación entre ambas. El futuro del trabajo no dependerá exclusivamente de la inteligencia artificial, del análisis de datos o de la automatización. Dependerá, sobre todo, de nuestra capacidad para conservar aquello que nos hace profundamente humanos mientras aprendemos a convivir inteligentemente con las tecnologías que nosotros mismos hemos creado.

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miércoles, 4 de marzo de 2026

El motor económico mundial

Los mercados financieros constituyen el motor que conecta el ahorro con la inversión, facilitando el crecimiento económico mediante instrumentos como acciones y bonos. Su funcionamiento depende de la interacción entre inversionistas, empresas y bolsas de valores. Además, factores como la inflación y los tipos de interés influyen directamente en el valor del dinero, los rendimientos financieros y las decisiones económicas de personas, organizaciones y gobiernos.

Introducción: Entendiendo el motor de la economía mundial


Los mercados financieros constituyen uno de los pilares fundamentales sobre los que se sostiene la economía moderna. Su función principal consiste en facilitar la transferencia eficiente de recursos monetarios entre los agentes económicos que poseen excedentes de capital y aquellos que requieren financiamiento para desarrollar actividades productivas, comerciales o de inversión. En este sentido, los mercados financieros actúan como un sistema circulatorio que moviliza recursos dentro de la economía, promoviendo la generación de riqueza, la expansión empresarial y el crecimiento económico. De acuerdo con Woolley (2010), estos mercados desempeñan un papel determinante en la asignación de recursos, aunque su funcionamiento también puede verse afectado por ineficiencias y comportamientos especulativos que alteran la formación de precios.

La dinámica de los mercados financieros se fundamenta en la interacción entre oferentes y demandantes de recursos. Por una parte, los ahorradores e inversionistas buscan alternativas para obtener rentabilidad sobre su capital; por otra, las empresas y los gobiernos requieren fondos para financiar proyectos, expandir operaciones o ejecutar inversiones estratégicas. Esta interacción se materializa mediante instrumentos como acciones y bonos, los cuales permiten canalizar recursos hacia actividades económicas generadoras de valor. Según Anguiano Pita et al. (2020), la creciente integración de los mercados financieros internacionales ha fortalecido estos mecanismos de intermediación, facilitando la movilidad global del capital y ampliando las oportunidades de inversión y financiamiento.

Comprender el funcionamiento de los mercados financieros resulta esencial no solo para inversionistas y empresarios, sino también para cualquier ciudadano que participe directa o indirectamente en la economía. Las decisiones relacionadas con el ahorro, el endeudamiento, la inversión o el consumo están influenciadas por variables financieras que afectan la capacidad adquisitiva y el patrimonio de las personas. En este contexto, el conocimiento financiero permite interpretar fenómenos económicos, evaluar riesgos y aprovechar oportunidades en entornos cada vez más complejos y globalizados. Como señalan Rossi (2013) y Méndez-Heras (2022), los cambios en las condiciones financieras y monetarias tienen efectos significativos sobre el crecimiento económico, la inversión y la estabilidad de los mercados.

Sin embargo, una de las preguntas más relevantes para comprender la dinámica económica contemporánea es qué determina realmente el valor de nuestro dinero y nuestras inversiones. La respuesta involucra múltiples factores, entre ellos la oferta y demanda de activos financieros, las expectativas de los inversionistas, las políticas monetarias de los bancos centrales y, especialmente, la inflación. Cuando los precios aumentan de manera sostenida, el poder adquisitivo de la moneda disminuye, afectando el rendimiento real de los ahorros y las inversiones. Levy Orlik (2012) destaca que las tasas de interés y la inflación mantienen una estrecha relación con la actividad económica y la valoración de los activos financieros, mientras que Blancas et al. (2022) evidencian cómo los procesos inflacionarios pueden influir directamente en el comportamiento de los mercados bursátiles. Por ello, comprender estas fuerzas resulta indispensable para interpretar los movimientos de la economía global y tomar decisiones financieras más informadas.


El funcionamiento de los mercados financieros y sus protagonistas


Los mercados financieros pueden definirse como mecanismos institucionales que facilitan la asignación eficiente de recursos dentro de una economía. Su principal función consiste en conectar a quienes poseen excedentes de capital con aquellos agentes que requieren financiamiento para desarrollar proyectos productivos, expandir operaciones o impulsar actividades de inversión. Gracias a esta capacidad de canalizar recursos hacia las oportunidades más rentables, los mercados financieros contribuyen al crecimiento económico, la generación de empleo y la innovación empresarial. Según Méndez-Heras (2022), el desarrollo financiero constituye un elemento clave para estimular la inversión y favorecer el crecimiento económico sostenible, especialmente en economías cada vez más interconectadas.

Dentro de estos mercados participan diversos actores, aunque pueden agruparse en dos grandes categorías. En primer lugar, se encuentran los inversionistas particulares e institucionales, quienes buscan preservar o incrementar el valor de sus recursos mediante diferentes alternativas de inversión. Estos agentes aportan liquidez al sistema y asumen distintos niveles de riesgo con la expectativa de obtener rendimientos futuros. En segundo lugar, participan las empresas, organizaciones y gobiernos que requieren recursos financieros para financiar proyectos de expansión, innovación, infraestructura o funcionamiento operativo. La interacción entre ambos grupos genera un flujo constante de capital que dinamiza la actividad económica y fortalece la capacidad productiva de los países (Anguiano Pita et al., 2020).

Para materializar este intercambio de recursos, los mercados financieros ofrecen diversos instrumentos de inversión. Entre los más conocidos se encuentran las acciones, que representan una participación en la propiedad de una empresa. Cuando un inversionista adquiere acciones, se convierte en copropietario de la organización y puede beneficiarse del crecimiento de su valor o de la distribución de dividendos. Por otro lado, los bonos funcionan como instrumentos de deuda mediante los cuales empresas o gobiernos obtienen recursos de los inversionistas comprometiéndose a devolver el capital junto con una rentabilidad previamente acordada. Ambos instrumentos cumplen funciones complementarias dentro del sistema financiero, permitiendo diferentes alternativas de financiamiento y estrategias de inversión según el perfil de riesgo de cada participante (Levy Orlik, 2012).

Las bolsas de valores desempeñan un papel fundamental dentro de este ecosistema financiero. Estas instituciones proporcionan la infraestructura necesaria para que compradores y vendedores puedan negociar activos de manera organizada, transparente y segura. Además de facilitar las transacciones, las bolsas establecen reglas de funcionamiento, mecanismos de supervisión y sistemas de divulgación de información que fortalecen la confianza de los participantes. Woolley (2010) señala que la transparencia y la disponibilidad de información son elementos esenciales para mejorar la eficiencia de los mercados y favorecer una adecuada valoración de los activos financieros.

El proceso de emisión y negociación de los instrumentos financieros se desarrolla en dos escenarios claramente diferenciados: el mercado primario y el mercado secundario. El mercado primario es aquel donde las empresas o gobiernos emiten por primera vez acciones o bonos para obtener recursos directamente de los inversionistas. Una vez emitidos, estos instrumentos pasan al mercado secundario, donde los inversionistas pueden comprarlos y venderlos entre sí sin que la entidad emisora participe directamente en la transacción. La existencia de un mercado secundario eficiente incrementa la liquidez de los activos financieros, ya que permite a los inversionistas recuperar sus recursos cuando lo consideren necesario (Anguiano Pita et al., 2020).

Finalmente, el valor de los activos financieros se determina principalmente por la interacción entre la oferta y la demanda. Cuando existe un mayor interés por adquirir una acción o un bono, su precio tiende a aumentar; por el contrario, cuando predominan los vendedores y disminuye el interés de compra, los precios suelen descender. Sin embargo, esta dinámica no depende únicamente de las decisiones individuales de los participantes, sino también de factores económicos más amplios como las expectativas de crecimiento, las tasas de interés, la inflación, las políticas monetarias y la estabilidad económica global. Rossi (2013) destaca que los mercados financieros reaccionan constantemente a los cambios en el entorno económico, generando fluctuaciones que reflejan las percepciones y expectativas de los inversionistas sobre el futuro de la economía.

Inflación, tipos de interés y el valor del dinero: las fuerzas invisibles del mercado


Aunque los mercados financieros facilitan la movilización eficiente de recursos y la generación de oportunidades de inversión, su funcionamiento está profundamente influenciado por variables macroeconómicas que afectan el valor real del dinero. Entre estas variables, la inflación ocupa un lugar central debido a su capacidad para modificar el poder adquisitivo de las personas, alterar las decisiones de inversión y transformar el comportamiento de los mercados. La inflación puede definirse como el aumento sostenido y generalizado de los precios de bienes y servicios durante un período determinado. Cuando los precios aumentan, una misma cantidad de dinero permite adquirir menos productos que antes, lo que se traduce en una reducción del poder de compra de hogares, empresas e inversionistas. En consecuencia, la inflación afecta directamente la calidad de vida de la población y la capacidad de planificación financiera de los agentes económicos (Levy Orlik, 2012).

Las causas de la inflación son diversas y, en muchos casos, responden a la interacción de múltiples factores económicos. Una de las explicaciones más comunes es la inflación por exceso de demanda, que ocurre cuando la demanda agregada de bienes y servicios supera la capacidad productiva de la economía. En este escenario, las empresas incrementan los precios debido a la fuerte presión de los consumidores sobre una oferta limitada. Otra causa relevante es la inflación de costos, originada cuando aumentan los costos de producción, como salarios, materias primas, energía o transporte. Estos incrementos suelen trasladarse al precio final de los productos y servicios. Finalmente, la expansión monetaria también puede generar presiones inflacionarias cuando la cantidad de dinero en circulación crece a un ritmo superior al crecimiento de la producción de bienes y servicios. De acuerdo con Levy Orlik (2012), la relación entre política monetaria, tasas de interés y comportamiento de los precios constituye uno de los aspectos más relevantes para comprender las dinámicas macroeconómicas contemporáneas.

La inflación no solo afecta la economía doméstica, sino que también influye sobre la posición competitiva de los países en el escenario internacional. Cuando una economía experimenta niveles elevados de inflación en comparación con otras naciones, el valor relativo de su moneda tiende a deteriorarse. Esto ocurre porque los inversionistas internacionales perciben una disminución en la capacidad de compra futura de esa moneda, reduciendo su demanda en los mercados cambiarios. Como resultado, la moneda puede depreciarse frente a otras divisas, encareciendo las importaciones y modificando las condiciones del comercio internacional. Anguiano Pita et al. (2020) destacan que la integración de los mercados financieros internacionales ha incrementado la sensibilidad de las economías nacionales frente a los cambios en variables monetarias y financieras, amplificando los efectos de la inflación sobre los flujos de capital y los tipos de cambio.

Para evaluar adecuadamente el impacto de la inflación sobre las finanzas personales y las inversiones, es necesario distinguir entre el tipo de interés nominal y el tipo de interés real. El tipo de interés nominal corresponde a la tasa anunciada por las entidades financieras o los instrumentos de inversión, mientras que el tipo de interés real refleja la rentabilidad efectiva después de descontar el efecto de la inflación. Esta diferencia es fundamental porque una inversión puede generar rendimientos nominales positivos y, sin embargo, producir pérdidas en términos reales si la inflación supera la tasa de rentabilidad obtenida. Levy Orlik (2012) señala que las decisiones de consumo, ahorro e inversión están estrechamente vinculadas a la evolución de las tasas de interés reales, ya que estas representan el verdadero costo o beneficio económico de mantener recursos financieros en el tiempo.

Las consecuencias de la inflación sobre los ahorros y las inversiones son especialmente significativas. Cuando los niveles inflacionarios aumentan, los recursos mantenidos en efectivo o en instrumentos de baja rentabilidad pierden valor real, reduciendo la capacidad adquisitiva futura de los ahorradores. Esta situación incentiva la búsqueda de alternativas de inversión capaces de generar rendimientos superiores a la inflación, como acciones, bonos indexados, bienes raíces u otros activos financieros. Blancas et al. (2022) evidencian que los procesos inflacionarios pueden influir de manera importante en el comportamiento de los mercados bursátiles, modificando las expectativas de los inversionistas y afectando la valoración de los activos financieros. Asimismo, Rossi (2013) sostiene que los cambios en las condiciones monetarias generan episodios de volatilidad que obligan a inversionistas y empresas a ajustar continuamente sus estrategias financieras.

En un entorno económico globalizado y caracterizado por constantes transformaciones tecnológicas y financieras, comprender la relación entre inflación, tipos de interés y valor del dinero se ha convertido en una competencia esencial. Estas variables no solo determinan la rentabilidad de las inversiones y la estabilidad de los mercados, sino que también influyen en decisiones cotidianas relacionadas con el ahorro, el consumo y la planificación financiera. Por ello, conocer las fuerzas invisibles que afectan el valor del dinero permite adoptar decisiones más informadas y desarrollar estrategias que contribuyan a proteger el patrimonio y aprovechar las oportunidades que ofrecen los mercados financieros modernos.

Referencias:


Anguiano Pita, J. E., Rodríguez Benavides, D., & Ortiz Arango, F. (2020). Dinámicas e integración de los mercados financieros de América del Norte. Cuadernos de Economía, 39(79), 67–96. http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0120-25962020000100067

Blancas, C. S. D., & colaboradores. (2022). Inflación en el mercado accionario mexicano 2009–2019. Análisis Económico, 37(95), 111–132. https://www.redalyc.org/journal/413/41372042006/html/

Levy Orlik, N. (2012). Tasas de interés, demanda efectiva y crecimiento económico. Economía: Teoría y Práctica, 36(1), 5–36. https://www.scielo.org.mx/scielo.php?pid=S1665-952X2012000100005&script=sci_arttext

Méndez-Heras, L. (2022). Finanzas y crecimiento en México. Economía UNAM, 19(56), 150–170. https://www.redalyc.org/journal/1552/155271243008/155271243008.pdf

Rossi, G. D. (2013). La volatilidad en mercados financieros y las políticas monetarias posteriores a la crisis internacional. Oikos, 17(35), 85–104. https://www.redalyc.org/pdf/877/87726343005.pdf

Woolley, P. (2010). ¿Por qué los mercados financieros son tan ineficientes y explotadores, y una propuesta para remediarlo? Innovar, 20(38), 17–32. http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0124-59962010000200004

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miércoles, 21 de mayo de 2025

¿Por qué los emprendedores reinvierten en eficiencia y cautela en un ciclo económico incierto?


Este post analiza cómo los emprendedores latinoamericanos responden a un ciclo económico incierto mediante eficiencia, cautela e innovación. A partir de informes de organismos multilaterales, estudios empresariales y testimonios sectoriales, se examinan desafíos macroeconómicos, acciones públicas recientes y estrategias empresariales. El análisis integra evidencia regional para explicar por qué la optimización operativa y la prudencia financiera se consolidan como ejes centrales de la toma de decisiones emprendedoras actuales.

Emprendimientos en Latinoamérica

📊 Número de emprendimientos y ecosistemas por país

En Colombia, el ecosistema emprendedor muestra más de 2 126 startups activas en 2025, colocando al país como el tercero más grande de la región en cantidad de iniciativas tecnológicas, con Bogotá liderando la actividad local (1 074 nuevas empresas en 2024).

Según un reporte del Inter-American Development Bank (IDB) y Finnovista, el ecosistema fintech en América Latina y el Caribe alcanzó 3 069 startups en 2023, un crecimiento de más de 340 % desde 2017. Brasil lidera con ~24 % del total regional, seguido por México (20 %), Colombia (13 %) y Argentina y Chile (10 % cada uno).

📍 Distribución por sector y localización

El sector fintech domina gran parte del crecimiento de startups en la región, con segmentos fuertes en pagos, préstamos y finanzas corporativas.

En Colombia, la distribución geográfica del emprendimiento tecnológico ha evolucionado: Bogotá y Antioquia concentran cerca del 80 % de startups, pero otras ciudades como Cali y Barranquilla han mostrado incrementos en participación.

Datos complementarios señalan que en países como Chile y México, la proporción de emprendimientos centrados en servicios empresariales (B2B) varía entre 10 % y 22 %, mientras que los negocios orientados al consumidor aún dominan.

🧠 Otras estadísticas relevantes

Estudios de GEM y otros informes sectoriales indican que alrededor de un tercio de las mujeres en Latinoamérica quiere emprender, con un 21 % creando negocios, y que una significativa mayoría de emprendimientos juveniles son autofinanciados debido al limitado acceso formal al crédito.

Análisis contextual macroeconómico de Latinoamérica

📉 Crecimiento económico moderado y prolongado

La región presenta un crecimiento económico bajo y desigual: la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) proyecta un avance del 2,2 % en 2024 y del 2,4 % en 2025, reflejando una trampa de bajo crecimiento persistente que limita la creación de empleo y la inversión productiva. Este ritmo es inferior al promedio global y evidencia la necesidad de reformas estructurales para incentivar productividad, inversión y empleo formal.

📈 Inflación: moderación con diferencias nacionales

La inflación regional ha mostrado restricciones a la baja en 2025, influenciada por menores precios internacionales de alimentos y energía, así como por la normalización de cadenas de suministro. No obstante, existe heterogeneidad entre economías: mientras algunos países logran acercarse a metas de inflación moderada, otros enfrentan presiones más persistentes que complican la previsión empresarial y la estabilidad de precios internos.

💱 Volatilidad cambiaria y riesgos externos

Las monedas de varios países latinoamericanos han experimentado depreciaciones frente al dólar atribuibles a tensiones globales, cambios en la demanda de materias primas y políticas comerciales externas. Esto genera incertidumbre sobre costos de importación, márgenes empresariales y capacidad de planificación a largo plazo. Además, la volatilidad de los flujos de capital y las incertidumbres geopolíticas refuerzan la cautela en decisiones de inversión empresarial.

🏦 Acceso al crédito y financiamiento empresarial

El acceso al crédito sigue siendo limitado y caro en varios mercados de la región, debido a restricciones fiscales, elevados déficits y altos costos de financiamiento externo. La presión sobre la deuda pública y la necesidad de mantener políticas fiscales prudentes restringen el espacio de las autoridades monetarias para facilitar crédito a empresas, en particular a pequeñas y medianas, que son cruciales para innovación y empleo.

📊 Variables adicionales que impactan la planificación

En este contexto macroeconómico de moderación del crecimiento, inflación aún significativa, tipos de cambio inestables y crédito restringido, la planificación empresarial se vuelve más desafiante. Las empresas deben considerar escenarios con menor demanda agregada, volatilidad en costos de insumos y mayores exigencias de liquidez. Esto obliga a fortalecer estrategias de gestión del riesgo, diversificación de mercados y enfoque en productividad interna.

Los emprendedores responden a los desafíos del nuevo ciclo económico


Los emprendedores en América Latina están respondiendo al nuevo ciclo económico con estrategias centradas en eficiencia, cautela financiera y redefinición de modelos de negocio. Informes de la CEPAL y el Banco Mundial señalan que, ante bajo crecimiento e inflación persistente, las empresas priorizan control de costos, productividad y gestión de liquidez. Estudios de EY (2025) muestran además un mayor uso de tecnología e inteligencia artificial para optimizar operaciones, mejorar decisiones y compensar la volatilidad cambiaria y la incertidumbre macroeconómica regional actual y creciente.

Desde una perspectiva regional, organismos como el BID y el World Economic Forum destacan que los emprendedores están combinando adaptación operativa con visión estratégica de largo plazo. Frente al acceso restringido al crédito y a entornos regulatorios cambiantes, se observa una mayor diversificación de mercados, alianzas colaborativas y adopción de modelos digitales. Estas respuestas, respaldadas por datos oficiales, reflejan una transición hacia emprendimientos más resilientes, basados en innovación, datos y capacidad de ajuste continuo ante shocks externos regionales, macroeconómicos y competitivos actuales globales.

Silvia Torres Carbonell, miembro del Consejo Directivo de ASEA, subraya que los emprendedores y pymes “han empezado a darse cuenta que tienen que ser más competitivas y que su rentabilidad ya no puede estar dada por el aumento constante de precios”, lo que refleja una adaptación hacia eficiencia operativa y control de costos ante el entorno económico desafiante.

Matías Seijas, CEO de la marca Luxo, destaca que ante el nuevo paradigma económico “tenemos que ser productivos y eficientes, compramos solo lo que necesitamos, y controlamos todo”, indicando que las decisiones empresariales se han vuelto más cautelosas y focalizadas en la eficiencia interna.

Susana Cordeiro Guerra, Vicepresidenta para América Latina y el Caribe del Banco Mundial, afirma que “el emprendedor es el actor crítico en el desarrollo” y que la región necesita reformas que fortalezcan el entorno para que la innovación, la creación de empleo y la productividad prosperen.

En un contexto más amplio, expertos reunidos en eventos internacionales destacan que los emprendedores “deben tolerar el fracaso y pensar global” para crear empresas que resuelvan problemas significativos y generen empleo, subrayando la necesidad de una visión expansiva y resiliente.

Los emprendedores describen ajustes concretos en sus modelos de negocio para enfrentar el entorno económico desafiante. Por ejemplo, Matías Seijas, CEO de Luxo, señala que “tenemos que ser productivos y eficientes, compramos solo lo que necesitamos y controlamos todo”, reflejando una gestión estricta de inventarios y costos que permite mantener márgenes pese a la inflación y la volatilidad del mercado. Asimismo, Santiago Ortúzar, de Cerveza Ortúzar, comenta que ajustaron precios con cautela y optimizaron procesos para sostener competitividad sin trasmitir toda la presión inflacionaria a sus consumidores.

Otros testimonios resaltan cómo la planificación de inversiones cambió de enfoque. Juan Pablo, empresario de Casa Vegana, relata que revisaron inversiones en tecnología y automatización para reducir dependencia de mano de obra costosa y mejorar eficiencia operativa a largo plazo. Estas experiencias locales recogidas por Infobae muestran que, ante un ciclo económico complejo, los líderes empresariales priorizan control de gastos, revisión de precios estratégicos y adopción de herramientas digitales para gestionar riesgos y conservar liquidez dentro de un contexto macroeconómico incierto en América Latina.

Los gobiernos responden


Los gobiernos de la región han implementado medidas económicas y reformas estructurales significativas para enfrentar la incertidumbre global y fortalecer el entorno empresarial. En Argentina, el gobierno de Javier Milei ha avanzado en la liberalización del mercado mediante la reducción de controles cambiarios, la eliminación de barreras arancelarias, la simplificación regulatoria y la apertura a la inversión extranjera, lo cual busca atraer capital y expandir oportunidades comerciales tras años de restricciones económicas rígidas. Estas reformas, incluyendo un acuerdo de financiamiento con el Fondo Monetario Internacional, están orientadas a restaurar la estabilidad macroeconómica y facilitar la operación y crecimiento de negocios en un contexto tradicionalmente volátil.

En otros países, también se evidencian acciones públicas dirigidas a dinamizar el sector productivo y el acceso al financiamiento, especialmente para pymes y emprendimientos. La CEPAL ha propuesto la creación de un fondo nacional en México para ampliar garantías y mejorar el financiamiento para PYMES, buscando alcanzar un objetivo de 30 % de crédito empresarial estable, lo que podría potenciar la resiliencia productiva y la integración en cadenas de valor estratégicas. Simultáneamente, medidas como la eliminación de requisitos regulatorios redundantes para emisores MiPyME en Argentina y políticas de estabilidad de precios en combustibles en México muestran esfuerzos de los gobiernos para reducir costos operativos y mejorar la competitividad en medio de un panorama regional de crecimiento moderado.

Conclusiones


Los emprendedores en América Latina reinvierten en eficiencia y cautela porque el contexto macroeconómico 2024–2025 está marcado por bajo crecimiento, inflación aún presente, volatilidad cambiaria y acceso restringido al crédito. Estas condiciones reducen los márgenes de error y obligan a priorizar la sostenibilidad financiera sobre la expansión acelerada. La eficiencia operativa se convierte así en un mecanismo de defensa para proteger liquidez, mantener competitividad y asegurar continuidad en mercados altamente inestables y sensibles a shocks externos.

Asimismo, la incertidumbre política y regulatoria, junto con cambios en la demanda y mayor competencia, impulsa a los emprendedores a adoptar estrategias prudentes y flexibles. La reinversión en tecnología, automatización y control de costos permite responder con mayor rapidez a fluctuaciones del entorno, optimizar procesos y tomar decisiones basadas en datos. Esta cautela no implica inmovilismo, sino una forma de crecimiento inteligente que prioriza productividad, resiliencia y adaptación estratégica frente a escenarios impredecibles.

Finalmente, las acciones públicas recientes y las señales de transición económica refuerzan la necesidad de prudencia. Aunque se observan reformas orientadas a la estabilización y apertura de mercados, sus efectos aún son graduales y desiguales. Ante este escenario, los emprendedores eligen fortalecer sus capacidades internas antes de asumir riesgos mayores. Reinvertir en eficiencia y cautela se consolida, así, como una respuesta racional y estratégica para navegar un ciclo económico incierto y construir bases sólidas para el crecimiento futuro.

Referencias


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