martes, 14 de julio de 2026

Infraestructura científica: el recurso invisible que puede transformar la innovación y la competitividad de las PYME

 

La infraestructura científica constituye un componente estratégico para fortalecer la innovación, la productividad y la competitividad de las PYME mediante la articulación entre universidades, empresas y Estado. Su aprovechamiento favorece la investigación aplicada, la transferencia tecnológica, la transformación digital y la gestión del conocimiento, impulsando ecosistemas colaborativos capaces de generar crecimiento económico sostenible y desarrollo basado en conocimiento.

Introducción

La infraestructura científica se ha consolidado como uno de los pilares fundamentales para el fortalecimiento de los sistemas de ciencia, tecnología e innovación (CTI), al proporcionar las capacidades físicas, tecnológicas, humanas e institucionales necesarias para generar conocimiento, desarrollar investigación aplicada y transformar los resultados científicos en soluciones con impacto económico y social. En un contexto caracterizado por la acelerada transformación digital, la transición hacia economías basadas en el conocimiento y el incremento de la competencia global, la disponibilidad de laboratorios especializados, centros de investigación, plataformas tecnológicas y redes de cooperación constituye un factor estratégico para incrementar la productividad, estimular la innovación y fortalecer la competitividad de los territorios y las organizaciones. Sin embargo, América Latina continúa enfrentando importantes desafíos asociados con la baja inversión en investigación y desarrollo (I+D), la limitada articulación entre los actores del ecosistema de innovación y el aprovechamiento insuficiente de la infraestructura científica existente, lo que restringe la capacidad de los países para generar valor agregado y promover un crecimiento sostenible.

En este contexto, las pequeñas y medianas empresas (PYME) representan un escenario prioritario para la aplicación de la infraestructura científica, debido a las restricciones que enfrentan para acceder a capacidades tecnológicas, recursos especializados y procesos de innovación. El fortalecimiento de las relaciones entre universidades, centros de investigación, organismos gubernamentales y sector empresarial permite que estas organizaciones incorporen conocimiento científico en sus procesos productivos, desarrollen nuevos productos, mejoren su desempeño competitivo y aceleren su transformación digital. En consecuencia, este documento aborda, en primer lugar, los fundamentos conceptuales de la infraestructura científica y su panorama en América Latina; posteriormente, analiza su aplicación en la gestión de las PYME y su incidencia sobre la productividad empresarial; finalmente, propone estrategias orientadas a fortalecer el aprovechamiento de la infraestructura científica mediante la articulación entre los actores del sistema de CTI, contribuyendo así al desarrollo de ecosistemas de innovación más inclusivos, colaborativos y sostenibles.

1. Infraestructura científica

Concepto


La infraestructura científica puede definirse como el conjunto de instalaciones, equipamientos, plataformas tecnológicas, recursos especializados y capacidades organizacionales que hacen posible la generación, validación, preservación y transferencia del conocimiento científico y tecnológico. Esta infraestructura comprende laboratorios de investigación, centros de experimentación, instalaciones de metrología, redes de datos científicos, plataformas de servicios compartidos y demás recursos que permiten desarrollar actividades de investigación, desarrollo e innovación (I+D+i) bajo estándares de calidad, seguridad y confiabilidad. Desde una perspectiva económica, la infraestructura científica constituye un activo estratégico que fortalece las capacidades nacionales de innovación, incrementa la eficiencia de los procesos de investigación y favorece la competitividad mediante la generación de conocimiento aplicable a los sectores productivos (Temple & Williams, 2002; Heredia, 2022).


De manera complementaria, la infraestructura científica trasciende la dimensión física para convertirse en un componente estructural de los sistemas nacionales de ciencia, tecnología e innovación (CTI). Su valor radica en facilitar la interacción entre universidades, centros de investigación, empresas y entidades gubernamentales, promoviendo la investigación aplicada, la transferencia tecnológica, la formación de talento humano altamente calificado y la prestación de servicios científicos especializados. En consecuencia, la infraestructura científica debe entenderse como una plataforma habilitadora que permite transformar el conocimiento en innovación, fortalecer la productividad y contribuir al desarrollo económico sostenible mediante procesos de cooperación y aprendizaje tecnológico (Emiliozzi, 2019; Suárez-Alemán et al., 2019; Carmona Campo et al., 2026).

La infraestructura científica puede concebirse como el conjunto integrado de recursos físicos, tecnológicos, humanos e institucionales que sustentan el funcionamiento del sistema de ciencia, tecnología e innovación, posibilitando la producción de conocimiento, el desarrollo tecnológico, la validación de soluciones, la formación de capital humano y la articulación entre la academia, el Estado y el sector empresarial. Desde esta perspectiva, constituye un factor estratégico para elevar la productividad, impulsar la innovación y fortalecer la competitividad de los países en economías basadas en el conocimiento (Temple & Williams, 2002; Emiliozzi, 2019; Heredia, 2022; Suárez-Alemán et al., 2019; Carmona Campo et al., 2026).

Relevancia y pertinencia


La infraestructura científica representa uno de los pilares fundamentales para el desarrollo de economías basadas en el conocimiento, debido a que proporciona las condiciones necesarias para realizar investigación de calidad, acelerar los procesos de innovación y facilitar la transferencia tecnológica hacia el sector productivo. Su importancia trasciende la disponibilidad de laboratorios o equipamientos especializados, al convertirse en un mecanismo que fortalece la productividad, incrementa la capacidad de absorción tecnológica de las organizaciones, favorece la cooperación entre universidades y empresas y mejora la competitividad territorial. Asimismo, contribuye a la formación de talento humano, la generación de soluciones para problemas sociales y productivos y el fortalecimiento de los ecosistemas nacionales de innovación, constituyéndose en un elemento indispensable para el crecimiento económico sostenible y la transformación productiva (Temple & Williams, 2002; Emiliozzi, 2019; Heredia, 2022; Suárez-Alemán et al., 2019; Carmona Campo et al., 2026).

Panorama latinoamericano


América Latina presenta un desarrollo heterogéneo en materia de infraestructura científica y capacidades de investigación. De acuerdo con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la inversión regional en investigación y desarrollo (I+D) alcanzó apenas el 0,60 % del Producto Interno Bruto (PIB) en 2023, cifra considerablemente inferior al promedio de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), que supera el 2,6 % del PIB. Además, la mayor parte de esta inversión se concentra en Brasil, México y Argentina, mientras que numerosos países mantienen capacidades limitadas para sostener laboratorios especializados, plataformas tecnológicas y centros de investigación de alto nivel (Boichuk et al., 2026).

Esta brecha de inversión se refleja en diferencias significativas en la eficiencia y calidad de la infraestructura económica y científica de la región. El análisis comparativo realizado por Suárez-Alemán et al. (2019) evidencia que América Latina y el Caribe presentan importantes rezagos respecto de economías desarrolladas en indicadores asociados con infraestructura, eficiencia operativa y prestación de servicios públicos, factores que condicionan la productividad y la capacidad innovadora. En paralelo, Temple y Williams (2002) demostraron que la infraestructura de medición y los sistemas tecnológicos de soporte constituyen elementos determinantes para mejorar el desempeño económico, al reducir incertidumbre, aumentar la calidad de los procesos productivos y fortalecer la competitividad industrial.

A pesar de estas limitaciones, la región también presenta fortalezas relevantes. Heredia (2022) destaca que América Latina ha construido una tradición de infraestructura científica abierta, caracterizada por la cooperación entre universidades, organismos públicos y redes de acceso abierto, favoreciendo la democratización del conocimiento científico y la colaboración internacional. En la misma línea, Emiliozzi (2019) sostiene que el fortalecimiento de las políticas de ciencia, tecnología e innovación requiere orientar las inversiones hacia infraestructuras científicas capaces de responder a las necesidades sociales y productivas, promoviendo una mayor articulación entre investigación, innovación y desarrollo económico.

Los avances recientes también muestran una creciente relación entre la infraestructura científica y el crecimiento basado en el conocimiento. Carmona Campo et al. (2026) evidencian una relación bidireccional entre el crecimiento del PIB y la eficiencia de la inversión en investigación y desarrollo en América Latina, lo que indica que el fortalecimiento de las capacidades científicas no solo impulsa el desarrollo económico, sino que también genera condiciones para incrementar la eficiencia de futuras inversiones en innovación. Estos hallazgos respaldan la necesidad de consolidar infraestructuras científicas modernas, sostenibles y articuladas con el sector productivo, especialmente para fortalecer la competitividad y la productividad de las pequeñas y medianas empresas en la región (Carmona Campo et al., 2026).


2. Aplicación de la infraestructura científica en la gestión de las PYME

Importancia para las PYME


Las pequeñas y medianas empresas (PYME) desempeñan un papel fundamental en la generación de empleo, la diversificación productiva y el crecimiento económico; sin embargo, enfrentan limitaciones estructurales relacionadas con el acceso a tecnología, capacidades de investigación y recursos para innovar. En este contexto, la infraestructura científica constituye un mecanismo estratégico para reducir estas brechas, al facilitar el acceso a laboratorios especializados, plataformas tecnológicas, centros de investigación aplicada y servicios científicos que, individualmente, resultarían inalcanzables para la mayoría de estas organizaciones. La interacción con estos recursos permite a las PYME desarrollar nuevos productos, validar prototipos, optimizar procesos, realizar pruebas de calidad y acelerar la incorporación de tecnologías emergentes, fortaleciendo así su capacidad de innovación y su competitividad en mercados cada vez más exigentes (Crespi & Zúñiga, 2012; Hofman et al., 2016).

La infraestructura científica también fortalece la capacidad de absorción tecnológica de las PYME, entendida como la habilidad para identificar, asimilar, adaptar y explotar conocimiento proveniente del entorno científico y tecnológico. Este aspecto resulta especialmente relevante en economías latinoamericanas, donde la baja inversión privada en investigación y desarrollo limita la generación interna de innovación. En consecuencia, la articulación con universidades, centros tecnológicos y entidades públicas permite a las empresas acceder a conocimiento especializado, desarrollar proyectos colaborativos y disminuir los riesgos asociados a la innovación tecnológica, incrementando sus posibilidades de crecimiento sostenible (Pieri et al., 2018; Crespi & Zúñiga, 2012).

Infraestructura científica y productividad empresarial


La productividad empresarial depende cada vez más de la capacidad de las organizaciones para incorporar conocimiento, tecnologías avanzadas y procesos de innovación dentro de sus operaciones. En este sentido, la infraestructura científica constituye un factor determinante al proporcionar espacios donde las empresas pueden desarrollar investigación aplicada, realizar ensayos especializados, validar tecnologías, optimizar procesos productivos y mejorar la calidad de sus productos. Estas capacidades reducen tiempos de desarrollo, disminuyen errores experimentales, optimizan el uso de recursos y fortalecen la eficiencia operativa, generando ventajas competitivas sostenibles. Además, el acceso a infraestructura científica facilita la adopción de tecnologías digitales como inteligencia artificial, Internet de las Cosas (IoT), automatización y analítica de datos, acelerando la transformación digital de las organizaciones (Pieri et al., 2018; Hofman et al., 2016).

La evidencia empírica confirma esta relación. Crespi y Zúñiga (2012), al analizar empresas de seis países latinoamericanos, demostraron que las organizaciones que invierten en innovación obtienen mayores niveles de productividad que aquellas que no desarrollan actividades innovadoras. De igual forma, Pieri et al. (2018) evidenciaron que la combinación entre inversión en investigación y desarrollo (I+D) y tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC) produce efectos complementarios que incrementan significativamente la productividad empresarial. Asimismo, Hofman et al. (2016) concluyen que el desarrollo de infraestructura tecnológica y de comunicaciones contribuye al crecimiento económico mediante el aumento de la eficiencia productiva y la difusión del conocimiento, mientras que Fraga y Ferreira-Filho (2024) destacan que la calidad de la infraestructura constituye un determinante del crecimiento de la productividad en economías emergentes.

Beneficios para las PYME


El aprovechamiento de la infraestructura científica genera beneficios directos e indirectos que fortalecen la competitividad de las PYME. En primer lugar, permite validar tecnologías y prototipos antes de su comercialización, reduciendo la incertidumbre técnica y financiera asociada a la innovación. En segundo lugar, facilita el acceso a ensayos especializados, certificaciones y procesos de metrología que mejoran la calidad de los productos y favorecen la inserción en mercados nacionales e internacionales. Asimismo, el desarrollo de proyectos conjuntos con universidades y centros tecnológicos reduce los costos de investigación, promueve el aprendizaje organizacional y fortalece las capacidades internas de innovación (Crespi & Zúñiga, 2012; Pieri et al., 2018).

Otro beneficio relevante consiste en el acceso a equipamiento científico de alto costo, plataformas compartidas y talento altamente especializado, recursos que normalmente exceden la capacidad financiera de las pequeñas empresas. Esta interacción también favorece la formación del capital humano, el desarrollo de redes de cooperación, la transferencia tecnológica y la generación de nuevos modelos de negocio basados en conocimiento. Como resultado, las PYME incrementan su productividad, diversifican su oferta de productos y fortalecen su capacidad para responder a las exigencias de mercados cada vez más dinámicos y tecnológicos (Hofman et al., 2016; Fraga & Ferreira-Filho, 2024).

El papel de la gestión empresarial


El aprovechamiento de la infraestructura científica requiere que las organizaciones incorporen la innovación y la gestión tecnológica como componentes centrales de su estrategia empresarial. La infraestructura científica no debe entenderse únicamente como un recurso externo al que se accede de manera ocasional, sino como un activo estratégico que fortalece la planeación, la toma de decisiones y el desarrollo de ventajas competitivas sostenibles. En este sentido, la alta dirección debe promover políticas orientadas a la vigilancia tecnológica, la investigación aplicada, la gestión del conocimiento, la transformación digital y el establecimiento de alianzas con universidades, centros de investigación y organismos públicos de innovación (Pieri et al., 2018; Crespi & Zúñiga, 2012).

Desde una perspectiva gerencial, integrar la infraestructura científica dentro de la estrategia organizacional implica desarrollar capacidades para identificar oportunidades tecnológicas, gestionar proyectos de innovación, acceder a fuentes de financiación para I+D y fortalecer la cultura innovadora. La evidencia muestra que las empresas que articulan la investigación científica con la gestión empresarial logran mayores niveles de productividad, innovación y crecimiento económico, especialmente cuando combinan inversiones en tecnologías digitales, capacitación del talento humano y cooperación con instituciones científicas (Hofman et al., 2016; Fraga & Ferreira-Filho, 2024).

Aplicación al contexto colombiano


En Colombia, el fortalecimiento de la infraestructura científica constituye uno de los principales instrumentos para impulsar la innovación y mejorar la competitividad de las PYME. El Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (SNCTI), liderado por el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación (MinCiencias), articula universidades, centros de investigación, centros de desarrollo tecnológico, empresas y entidades gubernamentales con el propósito de fortalecer las capacidades científicas y tecnológicas del país. A este ecosistema se suman instituciones como el Servicio Nacional de Aprendizaje (SENA), que mediante programas de innovación, extensionismo tecnológico y laboratorios especializados facilita el acceso de las empresas a servicios tecnológicos y procesos de transferencia de conocimiento (Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación, 2024; SENA, 2024).

De igual forma, los Centros de Desarrollo Tecnológico (CDT), los parques científicos y tecnológicos, las cámaras de comercio y las instituciones de educación superior desempeñan un papel fundamental en la articulación entre la academia y el sector productivo. Estas entidades ofrecen servicios de investigación aplicada, desarrollo experimental, metrología, certificación, prototipado, propiedad intelectual y transferencia tecnológica, permitiendo que las PYME incorporen innovación en sus procesos y productos con menores niveles de riesgo. No obstante, persisten desafíos relacionados con la baja inversión empresarial en I+D, la limitada articulación universidad–empresa y la necesidad de fortalecer mecanismos de cooperación que permitan ampliar el acceso de las PYME a la infraestructura científica disponible en el país (Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación, 2024; Consejo Privado de Competitividad, 2024).

3. Estrategias para el aprovechamiento de la infraestructura científica por parte de las PYME


¿Cómo pueden aprovecharla las PYME?


El aprovechamiento de la infraestructura científica por parte de las PYME requiere una visión estratégica que trascienda la adquisición de tecnología y se oriente hacia la construcción de capacidades de innovación mediante la colaboración con los actores del ecosistema de ciencia, tecnología e innovación (CTI). Aunque la mayoría de las pequeñas y medianas empresas carece de laboratorios propios o departamentos de investigación y desarrollo, pueden acceder a infraestructura científica existente a través de universidades, centros de investigación, centros de desarrollo tecnológico, parques científicos, laboratorios nacionales y plataformas tecnológicas compartidas. Estos espacios permiten desarrollar investigación aplicada, validar prototipos, realizar ensayos especializados, acceder a equipos científicos de alto costo y participar en proyectos colaborativos de innovación, reduciendo significativamente los costos y riesgos asociados al desarrollo tecnológico (Heredia, 2022; Crespi & Zúñiga, 2012).

Asimismo, las PYME pueden fortalecer su capacidad innovadora mediante su participación en programas públicos de innovación, convocatorias de financiación para proyectos de I+D, redes empresariales, clústeres sectoriales y mecanismos de innovación abierta. Estas iniciativas facilitan el intercambio de conocimiento, el acceso a capacidades científicas especializadas y la incorporación de nuevas tecnologías dentro de los procesos productivos. La evidencia demuestra que las empresas que interactúan activamente con el sistema científico desarrollan mayores capacidades de absorción tecnológica, incrementan la productividad y mejoran sus posibilidades de competir en mercados nacionales e internacionales (Emiliozzi, 2019; Carmona Campo et al., 2026).

Barreras para el aprovechamiento


A pesar de la disponibilidad de infraestructura científica en numerosos países latinoamericanos, las PYME enfrentan diversas barreras que limitan su utilización efectiva. Entre las principales restricciones se encuentran el desconocimiento sobre la oferta de servicios tecnológicos disponibles, la limitada cultura de innovación, la escasa inversión en investigación y desarrollo, la insuficiente capacidad para gestionar proyectos tecnológicos y la percepción de que la investigación científica constituye una actividad exclusiva de universidades y grandes empresas. Estas condiciones reducen la capacidad de las organizaciones para identificar oportunidades de colaboración y dificultan la incorporación del conocimiento científico dentro de sus procesos productivos (Crespi & Zúñiga, 2012; Emiliozzi, 2019).

A estas limitaciones se suman factores estructurales como la débil articulación entre universidades, empresas y Estado, la existencia de marcos institucionales poco flexibles para la cooperación científica, la escasez de gestores tecnológicos especializados y las dificultades para acceder a mecanismos de financiación orientados a la innovación empresarial. Myslikova (2025) destaca que, además de las instituciones formales, las instituciones informales —como la confianza, las redes de colaboración y la cultura organizacional— desempeñan un papel determinante en la capacidad de las empresas para aprovechar los ecosistemas de innovación. Cuando estas condiciones son débiles, la infraestructura científica tiende a permanecer subutilizada, limitando su impacto sobre la productividad y el desarrollo tecnológico (Myslikova, 2025; Heredia, 2022).

Estrategias de aprovechamiento


Superar estas barreras exige el diseño de estrategias que promuevan una mayor integración entre las PYME y los actores del sistema de ciencia, tecnología e innovación. Una primera estrategia consiste en fortalecer las alianzas universidad–empresa–Estado mediante proyectos de investigación aplicada, contratos de desarrollo tecnológico, programas de innovación abierta y redes de cooperación científica. De igual forma, resulta fundamental facilitar el acceso de las empresas a laboratorios compartidos, plataformas tecnológicas, centros de prototipado y servicios especializados de metrología, certificación y validación tecnológica, permitiendo reducir costos de innovación y acelerar el desarrollo de nuevos productos (Heredia, 2022; Emiliozzi, 2019).

Otra estrategia consiste en incorporar metodologías de gestión tecnológica que orienten el desarrollo progresivo de las innovaciones, como los Technology Readiness Levels (TRL), la vigilancia tecnológica, la inteligencia competitiva y la gestión del conocimiento. Estas herramientas permiten planificar el tránsito desde la investigación básica hasta la comercialización de nuevos productos, facilitando la toma de decisiones y la asignación eficiente de recursos. Asimismo, es recomendable promover la participación de las PYME en convocatorias públicas de financiación, programas de extensionismo tecnológico, proyectos de transformación digital y redes internacionales de innovación, fortaleciendo así su capacidad para absorber conocimiento científico y convertirlo en ventajas competitivas sostenibles (Crespi & Zúñiga, 2012; Carmona Campo et al., 2026).

Desde una perspectiva institucional, también resulta necesario consolidar políticas públicas orientadas a fortalecer la gobernanza de la infraestructura científica, incentivar la colaboración interinstitucional y ampliar el acceso de las PYME a servicios científico-tecnológicos. La creación de plataformas tecnológicas abiertas, mecanismos de financiamiento para proyectos colaborativos y programas de transferencia tecnológica favorece la construcción de ecosistemas de innovación más inclusivos, donde las pequeñas empresas puedan acceder a capacidades científicas que, de manera individual, serían financieramente inviables (Heredia, 2022; Emiliozzi, 2019).


El rol de las universidades

Las universidades constituyen uno de los principales actores para facilitar el aprovechamiento de la infraestructura científica por parte de las PYME, debido a que concentran laboratorios especializados, grupos de investigación, investigadores altamente calificados y capacidades para desarrollar investigación aplicada. Su función ya no se limita exclusivamente a la formación profesional, sino que incorpora procesos de transferencia tecnológica, extensión, emprendimiento, incubación empresarial y gestión de la propiedad intelectual. En este contexto, las instituciones de educación superior actúan como intermediarias entre la generación de conocimiento y su aplicación práctica en el sector productivo, fortaleciendo los procesos de innovación empresarial y el desarrollo regional (Heredia, 2022; Emiliozzi, 2019).

Además, las universidades desempeñan un papel esencial en la formación de talento humano con competencias científicas y tecnológicas, facilitando la incorporación de estudiantes y jóvenes investigadores en proyectos empresariales mediante prácticas, pasantías, trabajos de grado y programas de investigación colaborativa. Estas iniciativas fortalecen la capacidad de absorción tecnológica de las PYME y favorecen la creación de redes de innovación que integran conocimiento científico, capacidades empresariales y políticas públicas. Como señalan Crespi y Zúñiga (2012), las empresas que mantienen vínculos permanentes con instituciones de investigación presentan mayores probabilidades de innovar y mejorar su productividad, mientras que Carmona Campo et al. (2026) evidencian que el fortalecimiento de estas capacidades científicas constituye un factor determinante para impulsar el crecimiento económico basado en el conocimiento.

Conclusiones


La infraestructura científica constituye un activo estratégico para el desarrollo de economías basadas en el conocimiento, al proporcionar las capacidades necesarias para generar investigación, desarrollar tecnología, validar innovaciones y transferir conocimiento hacia el sector productivo. Más allá de su dimensión física, integra recursos tecnológicos, organizacionales e institucionales que fortalecen los sistemas de ciencia, tecnología e innovación (CTI), favoreciendo la productividad, la competitividad y el desarrollo sostenible de los países.

En América Latina persisten importantes brechas en inversión en investigación y desarrollo, disponibilidad de infraestructura científica y articulación entre los actores del ecosistema de innovación. Estas limitaciones reducen la capacidad de transformar el conocimiento científico en soluciones de alto valor agregado y restringen el crecimiento de sectores intensivos en tecnología. No obstante, las experiencias desarrolladas en la región evidencian que el fortalecimiento de la infraestructura científica, acompañado de políticas públicas adecuadas y mecanismos de gobernanza efectivos, constituye una oportunidad para impulsar la innovación y mejorar la competitividad regional.

Para las PYME, la infraestructura científica representa una alternativa para superar restricciones asociadas con la limitada disponibilidad de recursos tecnológicos y financieros. El acceso a laboratorios especializados, plataformas tecnológicas, centros de investigación y redes de cooperación permite desarrollar nuevos productos, validar tecnologías, optimizar procesos y fortalecer la capacidad de absorción del conocimiento, incrementando así la productividad empresarial y facilitando la incorporación de tecnologías emergentes.

El aprovechamiento efectivo de la infraestructura científica depende de la consolidación de ecosistemas colaborativos donde universidades, empresas, Estado y centros tecnológicos actúen de manera articulada. En este escenario, las universidades desempeñan un papel esencial como generadoras de conocimiento, promotoras de la transferencia tecnológica y formadoras de talento humano, mientras que las entidades gubernamentales deben fortalecer los mecanismos de financiación, las plataformas tecnológicas compartidas y las políticas que incentiven la cooperación interinstitucional y la innovación abierta.

Finalmente, la incorporación de la infraestructura científica dentro de la estrategia empresarial debe asumirse como una decisión de largo plazo orientada al fortalecimiento de las capacidades de innovación de las PYME. La adopción de metodologías de gestión tecnológica, el desarrollo de alianzas estratégicas y la participación activa en los sistemas de CTI permitirán transformar el conocimiento científico en ventajas competitivas sostenibles, contribuyendo simultáneamente al crecimiento empresarial, al desarrollo regional y a la consolidación de economías más productivas, resilientes e intensivas en conocimiento.

Referencias


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